jueves, 7 de abril de 2016

La mancha de café

Adivinarla bailando, 
subyacente, 
elevándose más allá 
de sus extremos, 
atravesando algún telón 
erosionado, 
humedecer su corazón 
desprevenido 
cada vez más oscuro, 
despertarlo, 
vital fusión 
osada, irreverente, 
beso fugaz, 
metamorfosis, 
invocación temprana, 
generosa, 
exiliadora del sopor 
de mis mañanas. 


 Sauf.

viernes, 15 de enero de 2016

Octubre

Poco le importa a octubre
el devenir del té
que habita en la tetera…
ni los fríos sudores
o los escalofríos.
Salvajemente ignora
este frío tan propio
de meses aburridos…
Festeja desde dentro,
desde cuatro paredes,
las risas barullentas
que agitan, reverberan,
la vida tan afuera.
Invade irrespetuoso
algún lecho afiebrado,
a lomo de un sol tímido
que promete tibiezas
protectoras del sueño
que avizora tranquilo…

Y ahí se instaló octubre,
al pie de mi ventana,
llegó para quedarse,
llegó y vino pariendo…


Pariendo primaveras.


Sandra.
Octubre 2015


domingo, 27 de diciembre de 2015

Tocó final.





Después de amar otra vez
su viejo fueye
lo metió en el estuche
y  sollozando
se disculpó y le besó
un hasta luego
sabiendo que sonaba
un mentiroso:
esperame ya vuelvo
compañero…

La cama blanca se lo fue
tragando
los catéteres colgaban
de sus dedos
como estériles zánganos
chupando
tanta bandoneonez
sin escalpelo.

Y el zurdo se apagó
sin un araca
sin guardián  alcahuete
vigilando…

…en la caja palpita
desangrado
desconsolado
el duende de su pecho…



Sandra





miércoles, 29 de julio de 2015

Y si...


Y si algo he de cambiar tal vez sea el peinado...
Tengo que dosificar sin embargo esta manía de empezar por el fin de lo que estoy pensando, es un tema de orden nada más, un detalle.

A que viene entonces este soliloquio? Este ensayo en voz alta de haberes cotidianos?
Si, digo sólo haberes, los debes son conmigo y eso sólo ante mí lo hablo.
Porque a veces me detengo y pienso demasiado, y la vida es acción y el camino se recorre andando.

Y si bien soy lo que escribo y lo que vengo cantando, más soy lo que siento, la mujer que me crece a cada rato...con todas las renuncias, los logros cosechados. Con el enorme orgullo de no andar debiendo nada, ni pagando peajes para subirme a algún tren que rumbee hacía otro lado.
Porque no es una red, un dicho o una foto lo que me define, pero igual lo disfruto si es que viene al caso.

No preciso la anuencia de mediateces banales, ni ojos críticos o cómplices que crucifiquen o absuelvan mi irreverente pecado de ser feliz porque si...
Me llevó media vida desnudarme ante mí, despellejar cada capa de la insolente mortaja que estrenaba disfraces, a veces a medida, con los cuales taparme.
Ni un paso del camino pienso desandarlo, todos y cada uno me han traído hasta aquí, ¿como habría de negarlos?

Por eso, ahí se queda todo: mis tintas, el aire con que canto, las manos abrazadas, brillando en blanco y negro...que ya vendrá la vida sembrando los colores.

Porque a nada le temo más que a mí misma, porque todo lo que amo lo hago desde el centro, de la matriz más honda que sigue latiendo empecinada.


Y porque nada me debo, me tomo de la mano con la firme certeza de seguir avanzando.



Sandra.

lunes, 29 de junio de 2015



Cómo no bajarle la vereda a este Capurro que apenas desperezado me tienta a caminar los adoquines... 
como despreciarle esta alfombra azafranada, este viento bahiano en el oído... 

El barrio me despeina y yo lo dejo mientras me asaltan el alma los sentidos... 
vaya una a saber desde qué cobre desata campanadas un badajo que me lleva más lejos todavía... mientras el mundano olor de los bizcochos le imanta el norte al paladar que ya no ve más que la panadería, allá, empedrado arriba. 

Y jugar a la escondida sin gritarle pan quemado, a la brisa que corre en picada por las calles paralelas a la vía... 

Y el lavadero de lanas creciéndole al horizonte capurrense mientras el parque vuelve a dar los buenos días... 

Cómo, repito, no alejarse del cordón, para dejarse hundir, hoja tras hoja , en este corazón que late entre el asfalto, el verde humedecido y el puerto que vigila ... 

 Si alguien lo sabe..por favor...no me lo diga.


lunes, 14 de julio de 2014

Ojo...

Que dualidad de criterios alma mía
cuando me hundía en los acordes del Nonino
llegó su hola a inundarlo todo,
 cuando me daban ganas de abrazar a Juarez
de acompasar al suyo mi propio latido,
cuando ya a punto de ahogarse mi pupila
suena a mi lado su voz de un solo grito,
y que hago ahora con toda esta tristeza
que quiso hacerse carne
subiéndose a mi oído?
como le explico a esta mañana inhóspita
a este gris, a este viento, a este olvido...
como le digo repito, a mi nostalgia,
que desde allá del este a pura vida
viene mi hija corriendo a despejarme
a desgarrar cualquier oscuridad
armada nada más que con su risa,
desbaratando mis humos matutinos...

Llega Iojanna a iluminarlo todo
a despertar al barrio a puro escándalo
cuando salgamos juntas
otra vez, por esas calles
armadas de semillas
a plantar en los muros girasoles
pintando lunas en los adoquines
despabilando parques, renaciendo trinos...

Ojo Capurro te aviso por las dudas
que quieras aferrarte
a esa manía tuya de tarde de domingo,
cuidado, escudate en lo que quieras:
en hojas secas, inviernos o garúas...
viene mi hija y temblá que al recorrerte
por más que insistas en nublarte
en su mochila traerá los equinoccios
y el sol del Ecuador nos hará un guiño...

Ojo capurro después ya no hay reclamo
hoy llega ella con su luz a cuestas
que se agarre el mundo...
que sale conmigo...


Sandra

jueves, 14 de noviembre de 2013

O vecchio mío..

Los años que he perdido buscándote, y estabas ahí, ahí nomas, a un golpe de púa.
Tantos viajes introspectos buceando…Y ahí estas, ahí te encuentro...
Bastó desempolvar aquel disco de pasta, buscar el surco debido, y empieza la magia…
Las dos primeras vueltas del plato alcanzan para liberar el alma de Caruso, tu Caruso…de Enrico el enorme…
_No sé si hay algo mi muñeca…decías, respondiendo, aclarando mis dudas, mis primeros temores, haciéndote inmenso en mi universo de siete años.
Aseverar tu ignorancia, tu condición de humano falible lo único que consiguió fue volverte eterno, tu inclaudicable defensa de los conocimientos finitos, sembraron cada vez más hondo en mí la semilla de la curiosidad perpetua.
_Pero si hay, papá va estar ahí…
_ ¿Dónde? Increpaba yo…
_Ahí muñeca, ahí…
Y no se me ocurría preguntar nada más, para que… ¿dudas? Quizás del dónde, quizás del cómo, jamás del porqué…
Y oírlo, oírlo…en su Furtiva lágrima…fue todo uno: cerrar los ojos, dejarme ir…verte, encontrarte, entender…
En el humo se vuelve a recortar tu perfil de tano, pierna cruzada, saco de fumar, mano en la rodilla con la pipa boca arriba, la otra yendo desde la boca al corazón, te veo, puedo jurar que te veo haciendo ademanes…hasta quedar congelado al grito de aquel “Ridi pagliaccio” y se hace mía tu lágrima, y me explota en el pecho tu latido, y te vuelvo a querer…
Otra vez desde el banquito que me hicieron tus manos, desde la inocencia más honda de mis ojos asombrados, otra vez me quedo estática mirándote, dominando las ganas de correr a abrazarte, sólo para hacer eterno ese instante, volvemos a ser vos y yo, música, tiempo, vos y yo…
Mágico, si pudiera decírtelo, si tuviera un segundo para devolverte algo, si estuviera permitido rescatarte o rescatarme de ese olvido, te diría que fue mágico…tu Caruso, mis moñitas de raso, el osito que abrazaba, los zapatos blancos que mamá me abrochaba con amor cada tarde para sentarme a esperarte mientras jugaba con la perlita nacarada que oficiaba de botón…la picazón de los zoquetes de encaje…todo, todo se esfumaba mirándote, viéndote sentir, me llegaba tu temblor emocionado, el olor dulzón del tabaco, el fulgor de la llama, el alma de tu pipa…y tu llanto, tu llanto a la par de ese hombre que te arrancaba los suspiros del pecho, la mano de mamá rescatándote…llegando desde arriba, abrazándote, hundiéndote en ella…
Mágico, viejo, mágico era el beso que me llegaba de vos después del exorcismo de aquellas tardes, tu beso, tu abrazo, tus rodillas, y tu voz…tu voz que me llega desde allá, mi mano en tus arrugas prematuras, recorriendo la que iba desde tu ojo húmedo hasta el pliegue de tu risa…mi mano toda entraba en tu mejilla, vuelvo a ver mi ojo en tu ojo, mi miel en tu azul…

_Los hombres también lloran Sandrita…
_Quedas lindo cuando lloras papito…
_Mi muñeca…



Sandra

lunes, 28 de octubre de 2013

Quién diría...

Quien diría viéndome así tranquila que están todas ahí adentro…
Está la hiperactiva premenstrual, la hipocondríaca, la depresiva crónica, la confiada, la recelosa…
Viéndome así de lejos, sentada pensando, masticando una idea, madurando algún proyecto, cualquiera creería que estoy calmada, sumergida en el más plácido de los estados de ánimo.
Y la idea no llega, el proyecto no toma forma y entonces aflora ella, la impaciente, la que se levanta, camina, recorre la habitación de lado a lado rascándose la cabeza, mirando el techo como buscando ahí la solución en tácita complicidad con la más crédula de mi, la que se pregunta si no habría sido mejor haber sucumbido al cigarrillo allá por los quince años, así por lo menos sabría qué hacer con las manos en un momento como este…
Hasta que llega ella, la salvadora, la que me rescata de la ansiedad, la que no me deja claudicar ante la desesperación: ¡la choco adicta! y no viene sola, viene con la gorda que me habita, la que se baja una barra de 180 gramos de Garoto almendrado sin miramientos, sin contemplaciones, haciendo caso omiso a los ruegos impotentes de la yo naturista que se acaba de empachar con chocolate.
Ahora el lenguaje corporal es infalible, la cabeza baja, inclinada hacia un costado, como esperando recibir el castigo merecido, no queda duda, ha llegado la culposa, la que no me deja dormir con sus remordimientos, la que sale disparada a la cocina para hacerme un te digestivo, de la mano de mi yo más previsora, esa que me hace acordar del cepillo de dientes cuando ya estoy cerrando la valija, a punto de salir rumbo a Tres Cruces.
Y ahí estoy, allí me veo, de nuevo sentada, frente a la ventana, hundida en la música, con la taza humeando entre las manos, las piernas cruzadas “a lo indio” vestida con mi mejor sonrisa, la más cómoda, la que recibe de a una a todas las Sandras que anidan en mi, la que me ve y me invita a sentarme de nuevo conmigo…



Sandra

viernes, 18 de octubre de 2013

el primer Francisco

...y juro que escuché un ladrido...
y era del perro andaluz que habitaba en el pecho de mi abuelo...




petizo, moro, calé...
ese que nunca escuché
pero que vive conmigo,
ese, que a veces olvido,
hasta que sale a buscarme
ese que cuando me alcanza
se me entrevera en la sangre
y me grita en el oído...


y podría asegurar
que trae su guitarra al hombro
y se hunde en lo mas hondo
de mi entraña y me sacude
y escarba, busca y rescata
la andaluza de mi alma
y me la saca a bailar....